La relación entre la prensa y el Poder Legislativo es tensa
y compleja. Tanto los periodistas como los legisladores se reclaman ‘representantes
del ciudadano’ y actúan en función de atribuciones fiscalizadoras.
En ese
contexto, el trabajo del cronista parlamentario tiene desafíos y condiciones
que son analizados por el experimentado periodista y catedrático Antonio Camborda
Ledesma.
Los párrafos a continuación son extractos de la exposición
del profesor Camborda en la primera jornada del Diplomado de Cronistas
Parlamentarios, organizado por el Colegio de Periodistas del Perú (CPP), el Congreso de la República y la Universidad Federico Villarreal.
La ponencia íntegra ha sido publicada en “Primera Clase”, plataforma digital de la Universidad Jaime Bausate y Meza.
Aquí, las diez ideas más interesantes en la ponencia del Profesor Camborda:
[1] La
Crónica Parlamentaria ha sido incluida, un tanto escondida, en el llamado ‘periodismo
político’ que, por lo general, se limita a la escritura de notas que informan
sobre las actividades de los políticos, recogen sus declaraciones sobre
diversos temas y, muchas veces, destacan lo anecdótico y lo trivial, pero no lo
sustancial.
[2] “La
incorporación de la usanza anglosajona (a los rituales del Parlamento local) ha
limitado la intervención del congresista en los debates a sólo tres minutos. Quienes
implantaron este estilo argumentaron que era para economizar tiempo y hacer más
productiva la labor parlamentaria, pero no repararon que este trasplante iba a
resultar enormemente dañino”.
[3] Cuando
estaba compuesto por la Cámara de Diputados y el Senado, el Poder Legislativo era
mucho más productivo. La Cámara Baja, netamente política, y la Cámara Alta,
netamente reflexiva. Había no solo un mayor número de proyectos de ley sino que
eran aprobados luego de una exhaustiva confrontación.
[4] En
ambas cámaras se producían debates de alta calidad, durante los cuales se
dictaba cátedra sobre temas de interés nacional. Todo esto daba lugar a que se
escribieran excelentes crónicas parlamentarias en los periódicos de la época, pues
los periodistas teníamos que llevar al lector no solo la noticia, sino que
había que describir el ambiente en que se había aprobado tal o cual ley, narrar
con lujo de detalles los hechos y recoger las intervenciones más importantes.
[5] Para
llegar a ‘cubrir’ el Congreso –es decir, asumir la delicada tarea de cronista parlamentario–
se exigía una serie de requisitos, en base sobre todo a la experiencia ganada y
al desempeño que se iba demostrando, tanto en la cultura política y general
como en las habilidades para redactar notas de profundidad.
[6] Es
necesario precisar la separación clara entre la crónica y el reportaje.
Mientras una crónica la realiza un periodista desde el lugar de los hechos, en
el caso del reportaje su autor puede estar ausente. Si se hace una crónica de
una sesión parlamentaria, de una guerra o de un partido de fútbol, la condición
sine qua non es que el cronista se encuentre en el Parlamento, en el frente de
batalla o en el estadio.
[7] En
mi época de cronista parlamentario, escribir crónicas parlamentarias nos
obligaba a los periodistas a leer mucho, especialmente las crónicas de Abraham
Valdelomar, José Carlos Mariátegui y otros talentosos periodistas. Y no sólo
los textos de los proyectos de ley, sino leer la producción intelectual de
senadores como Luis Alberto Sánchez, Andrés Townsend Ezcurra, Héctor Cornejo
Chávez y otros muchos más.
[8] No basta
saber los nombres y apellidos de los congresistas, del partido o grupo al que
pertenecen, sino es importante saber cómo se origina y se maneja una iniciativa
legislativa, los pasos que se tienen que dar hasta llegar a las comisiones, los
votos para su aprobación, luego el debate en el pleno.
[9] Un
periodista en Estados Unidos no puede recibir regalos ni invitaciones. Si por
alguna razón la entrevista ha sido pactada para el mediodía y hay que almorzar
con el entrevistado, el periodista pagará todo el consumo. La Universidad de
Miami se interesa mucho por que sus profesionales se enfoquen en temas
históricos y culturales.
[10] El
sueño es que en nuestro país, las escuelas, programas o facultades de
Periodismo o de Ciencias de la Comunicación establezcan la especialidad de
Cronista Parlamentario, diseñando una currícula propia, a fin de darle a esta
antigua especialidad el lugar que merece.
Revisa la ponencia completa en “Primera Clase”, Universidad Jaime Bausate y Meza:
