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| Raúl Acuña, sacerdote salesiano. |
“Los
periódicos, en la actualidad, ¿de qué hablan?”, se pregunta el padre Raúl
Acuña, sacerdote salesiano, director de la
Fundación Don Bosco. “De muerte, de asesinatos, de esto y lo otro, pero
no publican cosas buenas. Y eso es quizá lo que falta en las noticias: mostrar el
bien que hacen la personas, cada parroquia, no solo los salesianos sino también los
jesuitas, los mercedarios, los franciscanos".
“La
iglesia de hoy es una iglesia viva que está haciendo mucho bien, pero ese
trabajo no se conoce”, se lamenta el padre Acuña. “Mi temor no es a que exista el
mal sino a que las personas que hacemos el bien nos dejemos ganar por la somnolencia
y el desánimo. Dejamos que el mal avance, ¿y qué hacemos nosotros? Muy poco”.
La
pobreza, esa realidad apremiante, no está fuera del radio de reflexión de este
sacerdote piurano. “Hoy encontramos a infinidad de jóvenes que tienen muchas
cosas materiales pero no encuentran a alguien que los escuche, que les ayude y
les aconseje. La pobreza no es solo material; la soledad también es una forma
de pobreza, una de sus peores formas”.
Entrevisté al padre Raúl para una nota en "Variedades". Aquí el texto completo:
LA ERA DEL
RENACIMIENTO
Apostado
frente a la basílica de María Auxiliadora, el padre Raúl se acomoda los
anteojos y levanta la mirada para observar la torre-campanario en toda su
magnitud: 57 metros de hormigón coronados por una cúpula de estilo románico que
el 15 de agosto de 2007 temblaron a más no poder. "Dios no lo quiera, pero
un nuevo sismo de gran intensidad podría derribar esta estructura y causar
mucho daño."
A
poco de cumplirse los primeros cien años de la independencia del Perú, la orden
salesiana decidió sumarse a los festejos entregando a la comunidad un templo a
la altura de las dimensiones de su fe. En 1921, la población de Lima bordeaba
las 180,000 personas y una torre con más de cincuenta metros, enclavada en el
sector de Breña, podría verse prácticamente desde cualquier punto de la joven
urbe. Los hijos de Don Bosco harían notar su presencia.
Dicen
que las indulgencias –en el pasado– se ganaban por actos piadosos, por ciertas
oraciones rezadas en fechas específicas y por visitar santuarios consagrados,
además de otras demostraciones, según las reglas referidas al pecado y la
penitencia. La generosidad también conducía a la remisión, y aunque ella no
fuera su motivo central, miles de peruanos de todas partes y extranjeros
bienhechores aportaron con gusto para la construcción del nuevo templo.
El
padre Raúl Acuña explica que las obras tomaron más de diez años, hasta que
fueron bendecidas el 8 de diciembre de 1924 en una ceremonia a la que asistió
el presidente Augusto B. Leguía. Ochenta y nueve años más tarde y unos cuantos
terremotos de por medio, la basílica menor de María Auxiliadora, santuario
mariano por excelencia, inicia el período de su renacimiento.
Un
catálogo de la Fundación Don Bosco precisa las fallas del templo que necesitan
reparación urgente. Tras el remezón de hace seis años, se encargó a ingenieros
de la UNI y de la Universidad Católica una serie de estudios estructurales para
reforzar el santuario. El costo total de la refacción bordea el millón de
dólares, de los cuales la comunidad salesiana ha reunido ya la tercera parte.
MUCHO POR HACER
"Una
particularidad de esta basílica es la extensión de su nave central, son 60
metros, una de las más grandes del país –apunta el sacerdote–; en las naves
laterales encontramos diversas capillas con vitrales austríacos y están también
las pinturas de los misterios, quince en total, del pintor italiano Giuseppe Cassioli,
que adornan la parte superior. Hacia el fondo, se completarán los misterios
luminosos que se instalaron con ocasión de la visita de Juan Pablo II: El bautizo
de Jesús, Las Bodas de Canaán, Los Inicios del Reino y La Eucaristía".
Los
altares laterales, dedicados a San Juan Bosco y Domingo Savio, también están en
proceso de refacción. Allí, las hábiles manos de los artesanos formados en la
escuela-taller que dirige el padre Ugo de Censi, en el distrito ancashino de
Chacas, han pintado escenas de vida bondadosa, llenas de jóvenes trabajando en
armonía, fiel reflejo del carisma salesiano.
"Además
de los colegios que todo el mundo conoce, la obra salesiana contempla también
las casas de acogida para jóvenes en riesgo social; son 13 casas en Lima,
Ayacucho, Huancayo, Arequipa y Cusco –explica el padre Raúl–. Puede ser un
huérfano, un chico que ha delinquido, uno que vive en la calle: nosotros lo
recibimos para transformar su vida."
El
objetivo de San Juan Bosco era hacer de cada joven un ciudadano honrado y un buen
cristiano y eso se logra accediendo al empleo digno, acota. "Don Bosco es
el heraldo de la formación laboral; sabe que cada hombre, para ganarse el pan, debe
tener el trabajo como un instrumento y, por eso, nosotros capacitamos a la
juventud."
Es
por ello que la obra salesiana suma a sus colegios y casas de acogida un total
de seis Centros de Educación Técnico Productiva (Cetpro), con valor oficial,
donde se forman unos mil jóvenes en carpintería, mecánica automotriz, mecánica
de banco, construcción metálica, soldadura, imprenta y otras especialidades.
Lo
importante es que aquí los formamos no solo para el trabajo sino también en
valores ciudadanos –comenta–; muchas empresas nos buscan porque necesitan gente
que domine la técnica, pero que, a la vez, actúe con ética. "Es la
formación humana lo que hoy hace tanta falta a nuestros jóvenes."
Desde
que dejó la ingeniería para abrazar la vida religiosa en su querida Piura, allá
por los años setenta, el padre Acuña ha sido testigo del declive en las vocaciones
sacerdotales. A él lo marcó la imagen del padre Javier Aiza con la sotana
blanca amarrada a la cintura y jugando básquet con un grupo de escolares: toda la
vitalidad de un hombre de Dios preparada para guiar un rebaño de jóvenes en
todas las canchas. Allí, Raúl supo que de verdad quería ser salesiano.
Saca
cuentas y concluye que en todo el país hay no más de 130 sacerdotes salesianos,
muchos de ellos sobre los 70 años. "Estamos en un tiempo de crisis, como
en todas partes, pero tenemos el apoyo de una importante comunidad de laicos,
matrimonios, colaboradores y exalumnos que van tomando la posta en diversas
responsabilidades de la obra, porque entienden que esta misión tiene que ser compartida".
NUEVOS
HORIZONTES
"La
vocación es un misterio –afirma–. Tú estás metido en el estudio, en el trabajo,
y de repente sientes el llamado. Cuesta dejar a la familia, no creas; yo tuve
una 'bronca' grande con mi papá, que no quería saber nada de los curas; en
cambio mi mamá respetaba mi decisión, lo mismo que mis hermanos. Pero ser un hombre
de Dios es abrirse un nuevo horizonte; los salesianos somos seres
optimistas".
El
padre Raúl reflexiona sobre la sociedad y la familia; entiende que los tiempos
han cambiado y que el consumismo es un escollo enorme para el esfuerzo de
cimentar la fe. A su manera, hace lo suyo: comparte tiempo con los muchachos
del Cetpro de la avenida Brasil, toma la 'combi' para ir a Radio María y dar su
mensaje cristiano, juega al futbolín con los chicos de acogida de la avenida
Arica y coordina tareas con sus colaboradores de la Fundación Don Bosco. En agosto
habrá una nueva campaña de recolección de fondos para culminar la refacción de
la basílica. Su corazón piurano le pide descanso; su espíritu salesiano le
responde que ya habrá tiempo para ello.
(Publicado
en “Variedades”, suplemento del diario El Peruano).

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