viernes, 28 de junio de 2013

Padre Raúl Acuña: La soledad es una de las peores formas de la pobreza

Raúl Acuña, sacerdote salesiano.
“Los periódicos, en la actualidad, ¿de qué hablan?”, se pregunta el padre Raúl Acuña, sacerdote salesiano, director de la  Fundación Don Bosco. “De muerte, de asesinatos, de esto y lo otro, pero no publican cosas buenas. Y eso es quizá lo que falta en las noticias: mostrar el bien que hacen la personas, cada parroquia, no solo los salesianos sino también los jesuitas, los mercedarios, los franciscanos".

“La iglesia de hoy es una iglesia viva que está haciendo mucho bien, pero ese trabajo no se conoce”, se lamenta el padre Acuña. “Mi temor no es a que exista el mal sino a que las personas que hacemos el bien nos dejemos ganar por la somnolencia y el desánimo. Dejamos que el mal avance, ¿y qué hacemos nosotros? Muy poco”.


La pobreza, esa realidad apremiante, no está fuera del radio de reflexión de este sacerdote piurano. “Hoy encontramos a infinidad de jóvenes que tienen muchas cosas materiales pero no encuentran a alguien que los escuche, que les ayude y les aconseje. La pobreza no es solo material; la soledad también es una forma de pobreza, una de sus peores formas”.

Entrevisté al padre Raúl para una nota en "Variedades". Aquí el texto completo: 



LA ERA DEL RENACIMIENTO
Apostado frente a la basílica de María Auxiliadora, el padre Raúl se acomoda los anteojos y levanta la mirada para observar la torre-campanario en toda su magnitud: 57 metros de hormigón coronados por una cúpula de estilo románico que el 15 de agosto de 2007 temblaron a más no poder. "Dios no lo quiera, pero un nuevo sismo de gran intensidad podría derribar esta estructura y causar mucho daño."

A poco de cumplirse los primeros cien años de la independencia del Perú, la orden salesiana decidió sumarse a los festejos entregando a la comunidad un templo a la altura de las dimensiones de su fe. En 1921, la población de Lima bordeaba las 180,000 personas y una torre con más de cincuenta metros, enclavada en el sector de Breña, podría verse prácticamente desde cualquier punto de la joven urbe. Los hijos de Don Bosco harían notar su presencia.

Dicen que las indulgencias –en el pasado– se ganaban por actos piadosos, por ciertas oraciones rezadas en fechas específicas y por visitar santuarios consagrados, además de otras demostraciones, según las reglas referidas al pecado y la penitencia. La generosidad también conducía a la remisión, y aunque ella no fuera su motivo central, miles de peruanos de todas partes y extranjeros bienhechores aportaron con gusto para la construcción del nuevo templo.

El padre Raúl Acuña explica que las obras tomaron más de diez años, hasta que fueron bendecidas el 8 de diciembre de 1924 en una ceremonia a la que asistió el presidente Augusto B. Leguía. Ochenta y nueve años más tarde y unos cuantos terremotos de por medio, la basílica menor de María Auxiliadora, santuario mariano por excelencia, inicia el período de su renacimiento.

Un catálogo de la Fundación Don Bosco precisa las fallas del templo que necesitan reparación urgente. Tras el remezón de hace seis años, se encargó a ingenieros de la UNI y de la Universidad Católica una serie de estudios estructurales para reforzar el santuario. El costo total de la refacción bordea el millón de dólares, de los cuales la comunidad salesiana ha reunido ya la tercera parte.

MUCHO POR HACER
"Una particularidad de esta basílica es la extensión de su nave central, son 60 metros, una de las más grandes del país –apunta el sacerdote–; en las naves laterales encontramos diversas capillas con vitrales austríacos y están también las pinturas de los misterios, quince en total, del pintor italiano Giuseppe Cassioli, que adornan la parte superior. Hacia el fondo, se completarán los misterios luminosos que se instalaron con ocasión de la visita de Juan Pablo II: El bautizo de Jesús, Las Bodas de Canaán, Los Inicios del Reino y La Eucaristía".

Los altares laterales, dedicados a San Juan Bosco y Domingo Savio, también están en proceso de refacción. Allí, las hábiles manos de los artesanos formados en la escuela-taller que dirige el padre Ugo de Censi, en el distrito ancashino de Chacas, han pintado escenas de vida bondadosa, llenas de jóvenes trabajando en armonía, fiel reflejo del carisma salesiano.

"Además de los colegios que todo el mundo conoce, la obra salesiana contempla también las casas de acogida para jóvenes en riesgo social; son 13 casas en Lima, Ayacucho, Huancayo, Arequipa y Cusco –explica el padre Raúl–. Puede ser un huérfano, un chico que ha delinquido, uno que vive en la calle: nosotros lo recibimos para transformar su vida."

El objetivo de San Juan Bosco era hacer de cada joven un ciudadano honrado y un buen cristiano y eso se logra accediendo al empleo digno, acota. "Don Bosco es el heraldo de la formación laboral; sabe que cada hombre, para ganarse el pan, debe tener el trabajo como un instrumento y, por eso, nosotros capacitamos a la juventud."

Es por ello que la obra salesiana suma a sus colegios y casas de acogida un total de seis Centros de Educación Técnico Productiva (Cetpro), con valor oficial, donde se forman unos mil jóvenes en carpintería, mecánica automotriz, mecánica de banco, construcción metálica, soldadura, imprenta y otras especialidades.

Lo importante es que aquí los formamos no solo para el trabajo sino también en valores ciudadanos –comenta–; muchas empresas nos buscan porque necesitan gente que domine la técnica, pero que, a la vez, actúe con ética. "Es la formación humana lo que hoy hace tanta falta a nuestros jóvenes."

Desde que dejó la ingeniería para abrazar la vida religiosa en su querida Piura, allá por los años setenta, el padre Acuña ha sido testigo del declive en las vocaciones sacerdotales. A él lo marcó la imagen del padre Javier Aiza con la sotana blanca amarrada a la cintura y jugando básquet con un grupo de escolares: toda la vitalidad de un hombre de Dios preparada para guiar un rebaño de jóvenes en todas las canchas. Allí, Raúl supo que de verdad quería ser salesiano.

Saca cuentas y concluye que en todo el país hay no más de 130 sacerdotes salesianos, muchos de ellos sobre los 70 años. "Estamos en un tiempo de crisis, como en todas partes, pero tenemos el apoyo de una importante comunidad de laicos, matrimonios, colaboradores y exalumnos que van tomando la posta en diversas responsabilidades de la obra, porque entienden que esta misión tiene que ser compartida".

NUEVOS HORIZONTES
"La vocación es un misterio –afirma–. Tú estás metido en el estudio, en el trabajo, y de repente sientes el llamado. Cuesta dejar a la familia, no creas; yo tuve una 'bronca' grande con mi papá, que no quería saber nada de los curas; en cambio mi mamá respetaba mi decisión, lo mismo que mis hermanos. Pero ser un hombre de Dios es abrirse un nuevo horizonte; los salesianos somos seres optimistas".

El padre Raúl reflexiona sobre la sociedad y la familia; entiende que los tiempos han cambiado y que el consumismo es un escollo enorme para el esfuerzo de cimentar la fe. A su manera, hace lo suyo: comparte tiempo con los muchachos del Cetpro de la avenida Brasil, toma la 'combi' para ir a Radio María y dar su mensaje cristiano, juega al futbolín con los chicos de acogida de la avenida Arica y coordina tareas con sus colaboradores de la Fundación Don Bosco. En agosto habrá una nueva campaña de recolección de fondos para culminar la refacción de la basílica. Su corazón piurano le pide descanso; su espíritu salesiano le responde que ya habrá tiempo para ello.

(Publicado en “Variedades”, suplemento del diario El Peruano). 

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