miércoles, 3 de octubre de 2012

“En la red es fácil decir ´Yo lucho por la democracia´, pero todavía falta compromiso”

Willie Vásquez.
Hasta hoy, el impacto de las redes sociales en la construcción de una ciudadanía activa no ha sido medido con precisión. Sin embargo, algunos cálculos pueden dar una idea de lo que sucede entre la red y la realidad: de cada diez personas que dan “Me gusta” a una convocatoria de tipo social en Facebook, solo una acude a la reunión o la vigilia programada.
“En realidad, falta compromiso”, observa el comunicador y bloguero Willie Vásquez. La siguiente entrevista se realizó hace poco más de dos meses, pero buena parte de lo conversado se quedó fuera de la publicación impresa. Para hacerle justicia a “El Paki” –como lo llaman sus amigos del ciberespacio–, posteo el texto completo de ese diálogo.
 
Las redes sociales pueden jugar un papel importante en la construcción de ciudadanía. ¿Cuál es tu lectura de este proceso?
Las redes sociales son lo más democrático que existe, en tanto espacios planos, horizontales. Grafiquémoslo con un caso: las últimas elecciones municipales y generales fueron un espacio de intercambio de ideas, acalorado en muchos casos, pero intercambio al fin y al cabo, en términos de información y opinión.
Por primera vez en el Perú se puso en el mismo nivel y en la misma cancha al político –que estaba acostumbrado a la comodidad de su curul, de su despacho– y al  ciudadano de a pie. Claro, sin dejar de considerar el tema de la brecha digital.
El ciudadano se plantó cara a cara frente al político para fiscalizarlo, criticarlo y, muchas veces, cuestionarlo. Y el político aprendió que el poder de las redes sociales puede ser muy peligroso para sus intereses. Por fin tenía a alguien frente a él sin todo ese aparato mediador que siempre rodea al político. Eso es democracia total. Las redes y todos los accesos a espacios de concertación que ellas brindan son importantes y cambian la figura social y política.

Sin embargo, todavía hay dudas respecto al impacto de las redes sociales, si se las compara, por ejemplo, con el de los medios masivos tradicionales.
Miremos las cosas a través de un ejemplo. El capítulo más sintonizado de “Al fondo hay sitio” puede ser visto por 6 millones o 7 millones de televidentes el día de su emisión. Pero, ¿cuántos lo ven por You Tube: 24 millones, 25 millones? Entonces, cada red tiene una forma de manejar su interactividad.
            De hecho, estamos viendo que en el Perú mucho más gente tiene acceso a la televisión que a internet, todavía. Y de la gente que usa internet, no todos están en redes sociales. En Facebook hay 10 millones de usuarios; y en Twitter, alrededor de un millón. Somos 28 millones de peruanos pero menos de la mitad está en redes. Entonces, lo claro es que hay una brecha que salvar. No obstante, el alcance de las redes sigue siendo mucho más rápido el de los medios masivos tradicionales que son, además, básicamente entretenimiento.
Es muy difícil que se establezcan sitios de interacción real entre el medio de comunicación con su audiencia, como sí se puede hacer en redes y en Internet.

De acuerdo con el análisis planteado, la gente y los políticos estuvieron a la par, en el mismo nivel. ¿Cuál fue el resultado?
Sin contar a la gente que se dedica a atacar y embarrar en las redes –porque eso se da mucho en política–, se crearon espacios de discusión muy interesantes. Se crearon también espacios de escucha muy valiosos que algunos políticos supieron sintonizar.
Es cierto que hubo muchos políticos que simplemente borraban los comentarios que no les eran favorables; hacían oídos sordos, tal como están acostumbrados en otras facetas.
La evidencia es que esos espacios han comenzado a madurar y el político que es inteligente puede aprovecharlos para crear un escenario de intercambio real con el electorado. Creo que hay políticos y movimientos que están en eso, pero todavía veo una en la clase política una actitud de menosprecio a estos espacios de concertación o de participación.

En realidad, los políticos toman a las redes como un nuevo espacio donde captar votos…
Por supuesto, sí. Muchos entraron solo a conseguir votos. Hablamos con expertos en redes en contextos electorales y muchos creían que el fenómeno Obama se puede replicar. Pero eso no es mecánico, porque el fenómeno Obama, para ser exitoso, tuvo una contraparte en el mundo real.
Cualquier movida que se haga en redes sociales y que no tenga una contraparte “off line” va a ser un fracaso.
Entonces, cierto, muchos políticos entraron para ganar votos y descubrieron una realidad diferente.
Encontraron que podían ser fiscalizados por la población. Y se dieron cuenta de que la estrategia no puede ser solo regalar polos y gorras, como en la vida real. No, aquí hay gente que piensa y que cuestiona; ciudadanos que te van a preguntar. Los políticos que vieron la red como una prolongación de la calle hicieron de la vista gorda ante los cuestionamientos, pusieron su mejor sonrisa y pensaron que, de cualquier forma, estaban ganando votos.

¿Qué lecciones dejó “Adopta un Congresista”?
“Adopta un congresista” fue una iniciativa que nació con Rosa María Palacios. Se había producido el caso del parlamentario “Come pollo” y ella, al final de uno de sus programas, comentó que el ciudadano, si lo pedía por los canales formales, podía tener acceso a información oficial sobre gastos legislativos, con el fin de evitar que estos “representantes del pueblo” siguieran haciendo abuso de los recursos públicos.
Y comentó: “Cualquiera puede mandar una carta y puede pedir que le informen sobre los gastos, es legal, es un derecho ciudadano”.
Era 2008 y había un segundo boom de los blogs. Estaban “El útero de Marita”, “Desde el tercer piso” y una serie de sitios de periodistas y abogados que tenían una legión de seguidores con quienes intercambiaban información.
Así que les propuse a estos amigos: “¿Por qué no institucionalizamos esta idea? Nos metemos todos a impulsar esta campaña, para que cada uno le mande una carta a un parlamentario pidiendo cuentas sobre sus gastos operativos. Y, a la vez, como que lo adoptamos. Pongamos en práctica esa figura y les hacemos seguimiento. Que los blogueros  de provincias adopten a sus representantes regionales. Sería genial porque así tendríamos una movida en redes sociales con cierta fuerza, porque somos un montón. Si el esfuerzo es de un solo ciudadano, como que no le harán mucho caso. Pero si somos un frente, nos puede ir mejor.
Y así lanzamos la campaña. Y en un solo día tuvimos como cien blogueros que se sumaron. Cada uno envió su carta por fax a la administración del Congreso y, bueno pues, vino todo el zafarrancho.
Aquí es importante notar este aspecto: esa vez, los políticos se dieron cuenta que había ciudadanía organizada.
De alguna forma cinco o seis blogueros convocaron a la ciudadanía y se formó una suerte de movimiento. Éramos ciudadanos comunes y corrientes que pedíamos que se respetaran nuestros derechos: Como yo pago tu sueldo con mis impuestos, simplemente te pido que rindas cuentas de lo que gastas.

¿Cuántos “padrinos” se reunieron?
Hubo cerca de 300 blogueros en todo el país. Hubo gente de Puno, de Iquitos, de Trujillo. Gente que decía “Yo también quiero participar”. Les respondíamos: “¡Adóptalo maestro!”
Lo que logramos fue que la clase política reaccionara con mucho miedo; los parlamentarios comenzaron a decir: “¿Qué se han creído estos para pedirnos cuentas?”. Así que les respondimos: “Perdón, yo me he creído tu empleador; así de simple”.
Una congresista decía “¡No me da la gana de rendir cuentas!”. Así se comportaba la clase política. Entonces, ¿qué logramos? Logramos que los gastos operativos se añadieran al sueldo.
Me pareció bueno, bueno dentro de todo. Era malo porque, claro, al incluirse ese monto en el sueldo, ya no había manera de pedir cuentas. Pero fue positivo porque la clase política se dio cuenta de que el pueblo organizado tiene poder, aunque luego los congresistas respondieran con una leguleyada.

Después de “Adopta un Congresista”, ¿qué otras movidas han tenido fuerza?
Hay mucha campaña en Facebook, con convocatorias para plantones, movilizaciones y vigilias. Pero todavía tenemos mucho problema para llevar esa participación digital al mundo real. Creo que no más del 10% de los que dicen “Sí, voy” finalmente acude a la reunión. En las redes sociales todavía hay una falta de compromiso.

¿Qué determina esa falta de compromiso?
Quizás haya un fenómeno generacional. Cuando te hablo de mi generación, estoy pensando en gente que salió a las calles para la caída de Fujimori. Creo que para los más jóvenes, para los chicos que hoy están por ejemplo en la universidad, el compromiso con una lucha real por los derechos no está entre sus prioridades.
Además, en las redes sociales es muy fácil decir: “Yo lucho por la democracia”. Pero demuéstralo, pues, anda a la calle, lucha. En realidad, todavía falta compromiso.

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